Conexión · Experiencia personal
Durante años viví mirando números. Hasta que entendí que los números no me estaban diciendo nada sobre lo que realmente necesitaba.
Marzo 2026 5 min de lectura Helen Almanza
Soy nutrióloga. Y durante un tiempo de mi vida conté calorías.
Lo digo así, directo, porque sé que puede sorprender. Se supone que alguien que estudió nutrición debería "saber hacerlo bien". Y yo creía que sí lo sabía. Tenía las herramientas, el conocimiento, los números.
Lo que no tenía era conexión conmigo misma.
Contar calorías se siente como control. Y el control se siente como seguridad. Por eso funciona — al principio. Te da una estructura, una regla clara, algo a qué aferrarte cuando todo lo demás parece incierto.
Pero con el tiempo, esa misma estructura empieza a alejarte de algo mucho más importante: tu capacidad de escucharte.
Dejé de preguntarme si tenía hambre. Dejé de notar si estaba satisfecha. Todo lo que importaba era si el número cerraba al final del día.
Comía según la app, no según mi cuerpo. Y entre más seguía las reglas, menos me conocía a mí misma.
Hubo un período en mi vida en que atravesé un proceso de enfermedad. No fue fácil — y no es algo que comparta para generar lástima, sino porque fue ahí donde algo se quebró de una manera que resultó ser necesaria.
En medio de la incertidumbre, los números dejaron de tener sentido. El cuerpo me pedía otra cosa: presencia. Atención. Escucha real.
Fue la primera vez que comí sin calcular. Y fue la primera vez en mucho tiempo que sentí que la comida podía ser, simplemente, alimento.
No fue un momento de epifanía perfecta. Fue más bien el inicio de una pregunta diferente: ¿y si en lugar de controlar lo que como, aprendo a escuchar lo que necesito?
Lo que aprendí al soltar los números
No exactamente. La información nutricional tiene su lugar — especialmente en contextos clínicos donde hay objetivos de salud específicos. No se trata de ignorar la ciencia.
Se trata de que para la mayoría de las personas, el problema no es falta de información. Es exceso de ruido y falta de conexión.
Cuando sabes exactamente cuántas calorías tiene cada alimento pero no sabes si tienes hambre real o emocional, los números no te están ayudando — te están distrayendo.
Reconectar con el cuerpo no es romantizar la alimentación ni ignorar la evidencia. Es aprender a integrar lo que sabes con lo que sientes.
Es poder sentarse a comer y preguntarte: ¿qué necesito ahora? ¿Tengo hambre real? ¿Estoy comiendo desde el placer o desde la ansiedad? ¿Estoy presente o estoy en automático?
Esas preguntas no tienen respuestas en una app. Las respuestas están en ti. Y aprender a escucharlas es exactamente en lo que trabajo con las personas que acompaño.
Propuesta de acción consciente
Hoy, en una de tus comidas, deja el celular a un lado. Antes de empezar, tómate un momento para notar: ¿cómo está tu cuerpo en este momento? ¿Tienes hambre física? ¿Estás tensa, cansada, tranquila? No tienes que cambiar nada — solo observar.
Eso ya es un paso enorme.